Estimados lectores,
Hace tiempo que sigo las publicaciones del club de malas madres fundado por Laura Baena, corríjanme si me equivoco, un espacio donde se publican, comparten… las vicisitudes que conlleva ser madre trabajadora.
Y me diréis, por qué nos cuentas esto Bea?
Pues porque estoy cansada.
Estoy cansada de tener que sanar las heridas consecuencia de las barreras que se me pusieron en el pasado por no ser varón.
Cansada de tener que justificar las idas y venidas y las decisiones tomadas a consecuencia de ello.
Cansada de creerme justificaciones que enmascaran la realidad para favorecer sus intereses.
Cansada de celebrar los pequeños logros conseguidos cuando aún nos queda tanto y tanto que conquistar.
Cansada de esforzarme por conseguir lo que quiero y que otros acaben decidiendo que pasos debo seguir.
Por todo ello, yo renuncio.
Renuncio a agotarme hasta la enfermedad.
Renuncio a pelear las peleas que no son mias.
Renuncio a resignarme.
Renuncio a callarme.
Renuncio a que las cosas me importen mas de lo necesario.
Y, sobretodo, renuncio a vivir mi vida de forma diferente a cómo yo quiero.
Te atreves a renunciar?
Si es así déjame crear un espacio para ti donde puedas decidir cuál es tu siguiente paso.

Bea,
No sé si lo escribiste desde la fuerza o desde el agotamiento, pero a mí me tocó desde el cansancio.
Me resonó esa parte de estar cansada de sostener tanto, de justificar tanto, de cargar tanto. Porque a veces una no está peleando grandes batallas visibles, pero sí está sosteniendo mil pequeñas cargas invisibles todos los días.
Cansada de tener que ser fuerte todo el tiempo.
Cansada de resolverlo todo sola.
Cansada de que el descanso parezca un lujo y no un derecho.
No lo leí como rendición.
Lo leí como límite.
Como ese momento en el que una mujer dice: “ya no desde aquí”.
Yo también estoy en un proceso parecido. Renunciando a ambientes que me drenan, a responsabilidades que no me corresponden y, sobre todo, a la idea de que tengo que poder con todo.
No es dejar de ser responsable.
Es dejar de sobrecargarse.
Gracias por poner en palabras algo que muchas sentimos y pocas decimos.
Gracias a ti por expresar tu apoyo
Bea, te leo y me reconozco.
Como madre y como mujer, he transitado también ese cansancio silencioso. El de sostener más de lo que parecía justo. El de justificar decisiones que nacían del amor, pero que el entorno cuestionaba. El de cargar con expectativas que no elegí.
Con los años he comprendido algo: no todo se pelea, no todo se demuestra, no todo se explica. Hay renuncias que no son derrotas, sino actos profundos de sabiduría.
Yo también renuncio.
Renuncio a la culpa heredada.
Renuncio a la autoexigencia desmedida.
Renuncio a cargar lo que no me corresponde.
Y lo hago con amor y empatía, porque no se trata de endurecernos, sino de liberarnos.
Hoy sigo mi camino siendo madre y mujer libre. Libre para decidir. Libre para equivocarme. Libre para priorizarme sin dejar de amar. Libre para enseñar, con mi ejemplo, que la libertad también es una forma de cuidado.
Gracias por poner palabras a lo que muchas sentimos.
Gracias a ti, juntas nos sentimos más fuertes también